Cuando Diego nació, nadie en el hospital notó nada raro. Pero su tía pronto se dio cuenta de que su lengua solía colgar, tenía el cuello torcido y su cara cambiaba de color cuando se movía. Le dijo a la madre de Diego que algo no estaba bien y la instó a que lo revisara.

 

Diego tenía tres meses cuando su familia recibió la noticia de que tenía síndrome de Down. El médico dijo que nunca podría caminar y, en el mejor de los casos, probablemente tendría alrededor de nueve años antes de dar sus primeros pasos.

 

Su madre Francisca estaba fuera de sí con su dolor. Se sentía culpable por haberlo dado a luz y pensó que hubiera sido mejor nunca haber tenido un bebé.

La familia ya estaba teniendo problemas económicos y necesitaban dejar su trabajo de hacer pulseras para cuidarlo. Su mamá pensaba que no tenía ninguna oportunidad de aprender, el futuro parecía sombrío.

 

Pero su hermana le contó de los servicios de Adisa y Diego comenzó a tener diferentes terapias tres veces a la semana y su familia cumplía con cada una de las terapias.

 

Cuando Diego tenía 18 meses, sorprendió a todos dando sus primeros pasos.

Ahora, con cinco años, le encanta correr, tirar pelotas y atrapar burbujas. Es un niño travieso y lleno de energía que nunca deja de hacer reír a su familia.

Diego asiste a una escuela de educación especial dos veces a la semana y su mamá se siente optimista de un futuro mejor.

 

"Gracias a Adisa, Diego no habría podido caminar," dijo su mamá Francisca. "Por eso, se puede decir que el apoyo de Adisa realmente ha cambiado su vida."

 

"Antes de Adisa, yo no pensaba que Diego sería capaz de desarrollar su intelecto o aprender como otros niños, pero yo misma he visto su progreso y estoy seguro que él va a seguir avanzando más." 

Superando la probabilidad de caminor: La historia de Diego

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