Sonriendo, comunicando y agarrando objetos

LA HISTORIA DE LUISA

A las cuatro años, Luisa sonríe más grande al agarrar y tirar objetos y se ríe a ver a la gente recogerlos. Su mamá, Angélica, comenta que no hay nada que le agrada más a Luisa, con la excepción de, tal vez, comer. “Nunca termina de comer,” bromea la mamá. 

Luisa nació una semana antes de cumplirse los diez meses de embarazo. Se la llevaron a Sololá por quince días porque estuvo convulsionando y de allí la mandaron a hacer exámenes en la Ciudad de Guatemala. En la capital, el médico la diagnosticó con parálisis cerebral y a los tres meses, Luisa empezó a venir a Adisa. 

Durante el transcurso del viaje, Adisa nos ha estado ayudando,

comenta Angélica.

A través de sus terapias, Luisa logró avanzar bastante. Llegó a pararse bien y estaba dando unos pasos, hasta caminando un poco. Sin embargo, hace dos años, Luisa tuvo una recaída. De repente, se enfermó de una calentura y otra vez no podía caminar ni levantarse la cabeza. 

Volvimos al principio, como cuando era una recién nacida.

Después de la recaída, no tenía las fuerzas pero ahora está intentando pararse un poco, explica la mamá.

 

“Cuando le empezaron a dar terapia, ella no movía sus piernas y no podía darse la vuelta. Ahora sí puede darse la vuelta, puede sostener un rato su cabeza, tiene más movilidad en sus piernas y brazos. En un brazo agarra más las cosas y en el otro no, pero ahora está intentando más con los dos brazos. Entonces, sí hemos visto muchas mejorías.”

 

Aunque sólo balbucea, trata de comunicar. Por medio de señas, su familia ahora entiende lo que quiere. De esta manera, ha progresado bastante, afirma Angélica.  

 

“Si a mí no me hubiera dicho que existía Adisa, no sé si ahorita mi niña se movería o no.”

Como [las terapistas] vienen a darle ejercicio aquí, cuando yo tengo un ratito de tiempo en la noche juego con ella, hago lo mismo con ella. Entonces, en lo personal, no sé si conmigo ella tuviera los mismos avances como tiene ahorita si no le hubiera llevado a Adisa. No sé si tendría movimientos. No sé si yo pudiera comunicarme con ella con gestos. Porque allí en Adisa es lo que nos han enseñado. Gracias a Adisa yo sé que reacción tiene mi nena cuando quiere algo. Estoy muy agradecida con ellas.

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