Nuestro Impacto

deja que las historias de las familias de adisa te muestren el impacto de nuestro trabajo

Moviendo montañas y subiendo árboles

Como muchos niños de once años, Eduardo prefiere pasar las tardes jugando con sus amigos o viendo televisión que haciendo sus tareas. Un verdadero aventurero, le gusta subir los árboles fuera de su casa o viajar por los montes con su papá. Sin embargo, Eduardo no siempre podía movilizarse con tanta facilidad

Autodeterminación e independencia

Alex, con 24 años de edad, nació con parálisis cerebral, una discapacidad que afecta la coordinación muscular, el equilibrio y las habilidades motoras. Su familia lo llevó a todos lados, buscando opiniones, diagnósticos y sesiones de terapia. Alex recuerda el estrés del recorrido. Todo fue muy abrumador y solo quería vivir una vida normal.

Hablando, sonriendo y casi caminando

Igual a muchos niños con 5 años de edad, a Alex le encanta jugar futbol. Disfruta de un buen juego del escondite y le gusta la compañía de otras personas. Pero casi se pierde de todas estas actividades.  ​​

Artesanías de calidad

Al igual que muchas personas con discapacidad en Guatemala, Francisca nunca salía de casa. Ella perdió la habilidad de caminar después de contraer polio cuando solo tenía un año.

 

Tenía miedo de como la gente la trataba en la calle y no tenía silla de ruedas para movilizarse. Su mamá se cansó de atenderla de manera que no quedó más remedio que arrastrarse en el piso para movilizarse.

 

La gente miraba hacia mis pies antes de mi cara; veía la discapacidad en lugar de mí", dijo Francisca. "Eso ha cambiado mucho gracias a Adisa: hemos visto un gran cambio en la cultura."

El regalo de ver

Marta Darling, de un año, nació con una condición inusual, en la que parte de su cerebro sobresale de su cráneo. Marta estaba perdiendo la vista rápidamente y los médicos pensaban que sin una cirugía, ella quedaría completamente ciega.

Superando pie equino varo para caminar

Cuando Bryan tenía un año, su madre se dio cuenta que su pie izquierdo estaba inclinado hacia afuera. Ella se preocupó y lo llevó en ASOPADIS, una organización local que ayuda a personas con discapacidad. El médico dijo que Bryan tenía pie equino varo y recomendó recibir tratamiento en Adisa, que tiene un programa especializado para el tratamiento del defecto de nacimiento. 

Empezando a caminar

Roberto, un niño de cinco años, se emociona mucho hablando de la feria de Santiago Apostal. Ya está contando los días para poder subir la rueda otra vez. Además de ir a la feria, Roberto se divierte mucho jugando con la pelota y los carros y pasando un rato con la familia y sus primos.

A los siete meses, la mamá se enteró que estaba embarazada con Roberto. Antes ella estaba deprimida por perder su hijo de 17 años, pero al enterarse que iba a tener otro hijo, ella empezó a cuidarse mejor.

Caminando y tocando música

Gaspar, un niño de tres años, le encanta los instrumentos; los teclados y la guitarra. “Él siempre quiere jugar en la casa. Es músico como su papá,” comenta Rosa, la mamá de Gaspar.

 

Hace dos años Gaspar llegó a Adisa por la primera vez, cuando tenía un año y medio. Antes no caminaba ni se paraba. “Hemos logrado mucho en Adisa. Con las terapias, logró pararse y caminar,” dice Rosa. Aunque a veces necesita el apoyo de los demás, ahora, a través de sus terapias, está intentando caminar solo.

Sonriendo, comunicando y agarrando objetos

A las cuatro años, Luisa tiene una gran sonrisa al agarrar y tirar objetos y se ríe a ver a la gente recogerlos. Su mamá, Angélica, comenta que no hay nada que le agrada más a Luisa, con la excepción de, tal vez, comer. “Nunca termina de comer,” bromea la mamá.

Luisa nació una semana antes de cumplirse los diez meses de embarazo. Se la llevaron a Sololá por quince días porque estuvo convulsionando y de allí la mandaron a hacer exámenes en la Ciudad de Guatemala. En la capital, el médico la diagnosticó con parálisis cerebral y a los tres meses, Luisa empezó a venir a Adisa. 

Avanzando en la escuela y la casa

Milca, una niña sonriente de 13 años y una gran fanática de Frozen, nació bien y normal, cuenta la mamá, pero a las dos años y medio, le dio fiebre y luego convulsiones. Le llevaron al Hospitalito Atitlán, luego a Sololá y de allí a la capital, donde ella estuvo internada por 15 días en un hospital.  

 

Después de muchos exámenes de la cabeza, decidieron que no era necesario una operación, pero Milca ya no se paraba ni podía moverse las manos. El doctor recomendó que buscaran una organización que brinda fisioterapia y por eso, llegaron a ADISA.

Dando pasos y sonriendo

Dolores, o Lolita como le gusta ser llamada, es una niña muy sonriente, tiene siete años de edad. Ella se divierte mucho jugando con la pelota, con sus muñecas, con su hermano mayor, con sus primos y con las gallinas. Su mamá, Cruz, comenta que ella le gusta ayudar en la casa, lavando los trastos.

A los seis días de su nacimiento, Lolita fue trasladada al Hospital Regional de Quetzaltenango para el cierre del meningocele, luego le colocaron una válvula de derivación peritoneal para tratar la hidrocefalia. Poco después, ella empezó a llegar a ADISA.

Caminando y escuchando música

José, un niño de 3 años, no se emociona mucho por los juguetes pero le encanta escuchar música. Deysi, la terapista de lenguaje en ADISA, aconsejó que le pusieran música en el teléfono para que él empezara a entender más palabras y eso es lo que más le gustó, comenta la mamá. “Ahora sólo quiere escuchar música en el celular,” dice. Aunque no habla todavía, José puede señalar cosas y, por medio de la terapia de lenguaje, entiende más palabras.

De convulsiones 

frecuentes a una vida normal

A los tres años, Luis empezó a convulsionar. Luego de unos exámenes medicos, le diagnosticaron epilepsia y dijeron que nunca caminaría ni hablaría. Estaba destinado a pasar su vida postrado en una cama, o al menos eso dijo el médico.

Superando retrasos psicomotrices poco a poco

María, una niña de tres años, nació dos meses prematuramente y presentaba un retraso psicomotor. Hasta hace poco, no podía caminar, mantener la cabeza en alto ni seguir objetos con los ojos. Ella siempre solía estar triste.

 

Cuando tenía nueve meses, los padres de María la inscribieron en Adisa y comenzó su plan individual.

Superando la probabilidad de caminar

Cuando Diego nació, nadie en el hospital notó nada raro. Pero su tía pronto se dio cuenta que su lengua era más gruesa. Tenía el cuello torcido y su cara cambiaba de color cuando se movía. Le dijo a su madre que algo no estaba bien y la instó a que lo revisaran.

 

Diego tenía tres meses cuando su familia recibió la noticia de que tenía síndrome de Down. El médico les dijo que nunca podría caminar y en el mejor de los casos, probablemente tendría alrededor de nueve años antes de dar sus primeros pasos.

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Evaluación del Módulo 6

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